Psicólogos para el tratamiento de la depresión

Síntomas de la depresión

Hay dos síntomas principales de la depresión:

  • Apatía generalizada (abulia): falta de motivación para hacer cosas. Cuando una persona está deprimida o tiene un estado de ánimo bajo, dejan de apetecerle las actividades que antes resultaban agradables: quedar con amigos, hacer deporte, etc. Surge una falta de energía y ganas de hacerlo, lo que conlleva a una tristeza y llanto frecuente. Surge un constante sentimiento de culpa y fracaso. La visión de futuro es muy pesimista.
  • Anhedonia: dificultad para experimentar placer. Salir a hacer las actividades que anteriormente satisfacen, ya no lo hacen como antes.

Estos síntomas producen inactividad, ya que no hay ganas de hacer nada y por otra parte, cuando hay esfuerzo por hacerlas no se disfrutan como antes, por lo tanto, la inactividad cada vez es mayor. Esto se traducirá en una pérdida del estado de ánimo y se generará un bucle en el que cada vez estaremos más depresivos.

BAJO ESTADO ANÍMICO

Trastornos del estado de ánimo

El estado de ánimo es el humor o tono sentimental, agradable o desagradable, que acompaña a una idea o situación y se mantiene por algún tiempo. Es un estado, una forma de estar o permanecer, que expresa matices afectivos y cuya duración es prolongada, de horas o días. Cuando este tono se mantiene habitualmente o es el que predomina a lo largo del tiempo, hablamos de humor dominante o estado fundamental de ánimo.

A diferencia de las emociones, como el miedo o la sorpresa, un estado de ánimo es menos intenso, más duradero (puede durar horas o días), y menos específico (menos dado a ser activados por un determinado estímulo o evento).

También se diferencian del temperamento o la personalidad, los cuales son actitudes permanentes en el tiempo. No obstante, determinados tipos de personalidades pueden predisponer al sujeto a unos determinados estados de ánimo.

En el lenguaje popular se habla de ánimo o humor, en el lenguaje científico, se habla de timia (estado), de función tímica, de afectos (estados psíquicos que expresan matices afectivos).

Los estados de ánimo suelen tener una determinada valencia, o lo que es lo mismo, se suele hablar de buen y de mal estado de ánimo; activado o deprimido. Siendo la eutimia el estado de ánimo normal, esto es, situado entre la hipertimia y la distímia o, más radicalmente, entre la manía y la depresión.

Según algunos psicólogos como Robert Thayer, el estado de ánimo es una relación entre dos variables: energía y tensión

1. Según esta teoría, el estado de ánimo fluctuaría entre un estado energético (de más cansado a más activo) y un estado referido al grado de nerviosismo (entre más calmado o más tenso), considerándose el mejor un estado calmado-energético y el peor un estado tenso-cansado

2. Las fluctuaciones del humor son eminentemente moduladas por la satisfacción o la insatisfacción de diversas necesidades instintivas (el hambre, la sed, el sueño, la sexualidad); relacionales (vida conyugal, familial, profesional); o culturales (ocio, vacaciones). Las variaciones patológicas del humor pueden hacerse en el sentido negativo (la depresión), positivo (un carácter muy expansivo) o inscribirse en el sentido de una indiferencia.

Humor depresivo o distímia, los afectos depresivos expresan matices desde la morosidad, de la languidez, de la nostalgia, de la ideación suicida, del desaliento, hasta la depresión más autentica y más profunda, estado de tristeza patológico y de dolor moral. Esta disforia se acompaña de un sentimiento de desvalorización de si mismo, de pesimismo, de cansancio y de inhibición.
Humor expansivo o hipertímia, expresa matices de la satisfacción, del bienestar, de la felicidad, de la euforia hasta el éxtasis. Esos estados de exaltaciones tímicos son de grados muy diversos, desde la hipomanía habitual de algunos sujetos hiperactivos hasta la gran excitación tímica, ideática y motora de la manía aguda. Algunas intoxicaciones (alcohol, éter, anfetaminas) pueden dar lugar a una exaltaciones tímicas pasajeras.
El humor neutro o "eutímia", algunos estados afectivos se caracterizan a la inversa de los precedentes por una frialdad, una neutralidad, una atonía, por el carácter indiferenciado del humor, el cual parece inaccesible a los estímulos habituales. Un humor totalmente neutro supondría una indiferencia total y no se observa en condiciones psicológicas normales, por ello el término "eutimia" designa habitualmente estados de ánimo normales y excepcionalmente estados de ánimo neutros por ser más infrecuentes, como en esquizofrénicos, donde se observan casos de embotamiento tímico (aplanamiento afectivo), de indiferencia aparente, alternando a veces con unos accesos depresivos o eufóricos.

Ciertas alteraciones del estado de ánimo forman una clase de patologías denominadas trastornos del estado de ánimo. Los desórdenes del estado de ánimo se encuentran entre los trastornos más frecuentes. Las variaciones del estado de ánimo, patológicos en calidad y en intensidad, pueden ser desde la depresión profunda hasta la ilación maníaca, la distimia depresiva siendo mucho más frecuente que el estado anímico expansivo y eufórico de la manía.
DUELO; FALLECIMIENTO DE UNA PERSONA QUERIDA
El duelo es quizás una de los estados psicológicos más conocidos por la población. Todo el mundo sabe que existe, casi todo el mundo lo ha sufrido alguna vez, todo el mundo conoce a alguien que lo ha pasado o lo está pasando y a un nivel intuitivo, casi todo el mundo sabe si la persona que sufre el duelo lo está pasando de forma sana o no.

Pero exactamente que es el duelo? Cuando se manifiesta? Que fases tiene? Y como saber si es una respuesta normal o es patológica?

Según nuestra experiencia clínica, el duelo es una respuesta emocional adaptativa y normal ante una perdida. Se denomina duelo al proceso de adaptación a la nueva realidad que tenemos cuando sufrimos una perdida emocional en nuestras vidas.

Hay que tener en cuenta que el duelo es un proceso que hay que pasar siempre que experimentamos una perdida.

El duelo no es patológico en sí mismo y tiene unas fases por las que siempre hay que pasar.
En este proceso se tienen que reajustar las emociones, reestructurar los pensamientos y adaptar las conductas que se han desestabilizado o desajustado con la perdida y recolocar las nuevas situaciones vitales.


Una pérdida, para dar lugar al proceso del duelo, tiene que tener, según nuestra experiencia, dos características,

1.- Tiene que haber un vínculo emocional
2.- La pérdida es para siempre o se percibe como irremplazable

La primera característica, como ya he dicho, es que tiene que haber un vínculo emocional con la persona, animal, objeto, proyecto o situación vital que se ha perdido o acabado.

Una cosa importante es que un proceso de duelo no solo se da, como ya he dicho anteriormente, cuando perdemos una persona querida, se puede dar con la pérdida de cualquier cosa con la que tenemos un fuerte vínculo emocional, por ejemplo puede ser un animal. Hemos visto procesos de duelo de gran intensidad en personas que tenían un fuerte vínculo afectivo con una mascota.

Incluso se puede producir un proceso de duelo ante el final de situaciones vitales que consideramos irremplazables como el fin de una relación emocional, ya sea de pareja o de amistad, o con la perdida de objetos con los que tenemos vínculos emocionales o que evocan recuerdos emocionales.

En estos casos el proceso de duelo puede no ser tan intenso como cuando se pierde un ser querido pero es interesante recalcar que también sucede y que se pasa por las mismas fases para superarlo.

El proceso de duelo será más o menos intenso en función de la fortaleza de ese vínculo, de las circunstancias vitales, de la forma de la perdida y la personalidad del doliente.

La segunda característica, es que la pérdida es para siempre y se percibe como irremplazable. Esto conlleva que hay que seguir haciendo la vida normal pero con unas condiciones nuevas a las que hay que adaptarse.

Esta adaptación no solo es en las costumbres de la vida cotidiana, sino que se produce, sobre todo, a nivel emocional ya que la pérdida, supone que las emociones que sentíamos hacia la persona que ya no está, tienen que recolocarse y recanalizarse, adaptándose al nuevo entorno emocional.
Esta recanalización, reubicación y reabsorción de las emociones tiene que darse de una manera sana, fluida y en un plazo de tiempo flexible, pero que tiene que tener un final y sin que surjan mecanismos de defensa neuróticos que dificulten o bloqueen el proceso del duelo.

También se produce una adaptación cognitiva, ya que hay que aceptar que las emociones que recibíamos de la persona desaparecida, y que en muchas ocasiones eran un fuerte estimulo en nuestras vidas y algo importante para mantener nuestra salud y equilibrio emocional, ya no las vamos a recibir nunca más.

Asimismo esta adaptación cognitiva supone que hay que reorganizar los pensamientos surgidos por la perdida, como por ejemplo, Que voy a hacer ahora? La vida no tiene sentido!! Porque a mí? Como me voy a organizar?? Y que generan mucha inestabilidad interna, tristeza y angustia.

Como parte de la reacción de perdida, algunas personas pueden desarrollar sentimientos de tristeza, y síntomas asociados como ansiedad, insomnio, pérdida de peso, incluso pueden presentar cuadros depresivos con toda su sintomatología.

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