Psicólogos para tratar problemas de autocontrol

¿Qué es autocontrol?

El autocontrol es el dominio que podemos adquirir sobre nosotros mismos y nuestros deseos, emociones y pensamientos. Es la capacidad de regular nuestra vida para que sea como deseamos. Nos ayudará a tomar decisiones para acercarnos a nuestras metas y ganar felicidad y calidad de vida.

Se necesita autocontrol para todo: estudiar, para tener hábitos saludables, para educar a tus hijos, para montar un negocio... en definitiva, para conseguir tus metas.

Tratamiento de la falta de autocontrol

Pueden surgir dificultades para controlarnos a nosotros mismos, para evitar un comportamiento que no nos conviene. Esta falta de autocontrol puede llevarnos al estrés que se da por el sentimiento de no tener control sobre la vida propia. Es necesario que haya un proceso de negociación personal para conseguir un punto mucho más deseable que el de dejarnos llevar por nuestros instintos primarios.

CONTROL DE LA IRA

Los problemas relacionados con la ira son motivo frecuente de consulta en Armonía Psicólogos.

La ira afecta a muchas personas. ¿Cómo controlarla? Esto es precisamente lo que se preguntan los pacientes, puesto que suele ser difícil manejar la tendencia agresiva sin ayuda externa.

¿Qué es exactamente la ira?

La ira es una emoción que se caracteriza por un incremento rápido del ritmo cardíaco, de la presión arterial y de los niveles de noradrenalina y adrenalina en sangre. También es común que la persona que siente ira se enrojezca, sude, tense sus músculos, respire de forma más rápida y vea aumentada su energía corporal.

Siendo una emoción relacionada con el impulso agresivo, algunos expertos señalan que la ira es la manifestación de la respuesta que emite nuestro cerebro para atacar o huir de un peligro. Por otra parte, el estado mental propio de los momentos de ira nos vuelve instintivos y merma nuestra capacidad para razonar.

Las causas de la ira

La ira puede surgir como consecuencia de un estado de inseguridad, envidia, miedo, etcétera. La ira puede aparecer también cuando somos incapaces de afrontar una situación concreta, pudiendo herirnos o molestarnos la forma en que actúan las personas de nuestro entorno.

En resumen, la ira o la agresividad suelen aparecer en situaciones que percibimos como una amenaza. Por tanto, la ira está fundamentada en sentimientos como el temor, el miedo, la frustración o incluso en cansancio.

Cuando nos sentimos frustrados ante algo, podemos reaccionar de varias maneras. Para el caso que nos ocupa, una de las posibles reacciones ante la frustración es la ira. La agresividad, por su parte, es la manifestación exterior de la cólera que sentimos.

La ira aparece de un modo automático ante algunas situaciones que nos obstaculizan para lograr fines u objetivos. Las emociones que sentimos no se producen sin razón, sino que cada una tiene una función específica. En el caso de la ira, el cerebro causa este estado para prepararnos para efectuar un esfuerzo superior para superar la dificultad que se nos ha presentado.

Tipos de ira

La ira tiene distintas facetas y adquiere diferentes formas:

1. La conducta agresiva y la violencia puede aparecer como una manera de lograr distintos objetivos cuando no hemos sido capaces de lograrlos sin usar la violencia. En este caso, podríamos hablar de una ira instrumental, porque la empleamos como un medio para obtener algo. Los terapeutas asocian esta conducta a unas pobres habilidades de tipo comunicativo o en el autocontrol, pero siempre será posible mejorar estos aspectos.

2. Puede aparecer la ira como explosión, a causa de haber aguantado durante mucho tiempo una situación injusta o perturbadora. Así, las pequeñas frustraciones diarias se van acumulando y, a base de no expresar nuestro malestar, acabamos estallando en un momento u otro. La solución a este tipo de círculos viciosos es gestionar adecuadamente la ira, y no ir acumulándola hasta explotar.

3. La ira como defensa surge cuando percibimos que nos están atacando o nos enfrentamos a una dificultad. Normalmente, tendemos a reaccionar de forma negativa más por intuición que por los hechos objetivos, lo que puede conducirnos a que nuestra ira sea poco justificada objetivamente.
CLEPTOMANÍA

En qué cosiste la cleptomanía

La cleptomanía es un trastorno complejo caracterizado por repetidos intentos de robo, algunos consumados y otros fallidos. Se ve a menudo en pacientes que son dependientes a sustancias o que presentan un estado de ánimo ansioso o trastornos de alimentación. Otros trastornos mentales coexistentes pueden incluir depresión mayor, ataques de pánico, fobia social, anorexia nerviosa, bulimia nerviosa y trastorno obsesivo-compulsivo.

Las personas con este trastorno tienen la imperiosa necesidad de robar y logran una emoción intensa al hacerlo. Una teoría propone que la emoción de robo ayuda a aliviar los síntomas depresivos de estos sujetos.

El acto recurrente de robo puede estar restringido a ciertos objetos o entornos, pero la persona afectada puede o no puede describir estas preferencias especiales. Además, los individuos con este trastorno suelen presentar culpabilidad después del robo.

Los cinco síntomas de la cleptomanía

1. Un impulso intenso para robar

Este es el más destacado de todos los síntomas de la cleptomanía. Los cleptomaníacos no necesitan los artículos que roban. De hecho, muy a menudo, estos elementos que ni siquiera ellos suelen utilizar. Los productos podrían incluir clips de papel, plumas, flores, cucharas o lápices. Suelen ser personas ansiosas, estresadas y tensas. Roban con el fin de calmarse a sí mismos. Los signos de cleptomanía incluyen inquietud y ansiedad inexplicable antes de robar.

2. Sensación de alivio, miedo o ansiedad después de robar

Algunos cleptomaníacos sienten una sensación de alivio después de robar. Incluso pueden sentirse tranquilos después del episodio. Por otro lado, otros pueden presentar síntomas tales como culpabilidad, remordimiento, miedo y odio hacia sí mismos. Sin embargo, a casi todos se les hace imposible controlar su cleptomanía y, como resultado, el ciclo se repite antes o después.

3. Falta de malicia

Las personas que sufren de este trastorno del control de impulsos no roban para su beneficio personal. Roban porque les resulta casi imposible controlar su impulso. No no se dirigen a un individuo en particular o una tienda por una razón específica. Roban para aliviar su ansiedad.

4. Robo compulsivo

Este es uno de los síntomas de la cleptomanía que hace que sea un trastorno de los impulsos. Estas personas roban regularmente, la mayoría de veces en lugares públicos. A pesar de que algunos de ellos se sienten culpables después de robar, la ansiedad y la euforia que sienten tras el acto provoca que lo repitan de nuevo.

5. No existe trastorno de conducta o episodios maníacos

Los síntomas de cleptomanía no tienen nada que ver con el trastorno antisocial o el comportamiento maníaco. Las personas que presentan síntomas de la cleptomanía no necesitan un cómplice; son ellas quienes sigilosamente cogen el objeto y abandonan el lugar. Esconden el objeto robado junto con otros también robados de diferentes lugares. No se comportan de manera inapropiada o sufren de trastornos de la conducta. No son violentos o psicóticos. Como ya hemos dicho, roban de manera compulsiva.

Causas de la cleptomanía

Aún no se sabe por qué alguien desarrolla la cleptomanía. Algunos científicos creen que la cleptomanía es parte de una adicción al alcohol u otras sustancias. Otros consideran que es una desviación de un trastorno de control de impulsos, como trastornos de la alimentación o el trastorno obsesivo-compulsivo. En la mayoría de los casos, es raro que un alguien presente únicamente cleptomanía.
PROCASTINACIÓN O POSTERGACIÓN
La procrastinación es algo con lo que la mayoría de la gente tiene, al menos, un poco de experiencia. No importa lo organizado y comprometido que seas, es probable que te hayas encontrado desperdiciando horas en actividades triviales (ver la televisión, revisar Instagram, Facebook, Twitter, Youtube, comprar en Amazon…) cuando deberías haber pasado ese tiempo trabajando o haciendo tareas realmente importantes. Ya sea porque postergas la finalización de un proyecto para el trabajo, evitas las tareas escolares o ignoras las tareas de casa, la postergación puede tener un gran impacto en tu trabajo, tus calificaciones y tu vida.

¿Por qué procrastinamos?

Todos aplazamos las cosas en algún momento, y los investigadores sugieren que el problema puede ser particularmente pronunciado entre los estudiantes.
Se estima que del 25 al 75 por ciento de los estudiantes universitarios postergan el trabajo académico. Un estudio de 2007 descubrió que entre un 80% y un 95% de los estudiantes universitarios posponían sus estudios regularmente, particularmente cuando se trataba de completar las tareas. Una encuesta de 1997 encontró que la postergación fue una de las principales razones por las cuales los candidatos a doctorados no completaron sus tesis.

Según Ferrari, Johnson y McCown, existen algunas distorsiones cognitivas importantes que conducen a la postergación académica.

Los estudiantes tienden a:

  • Sobreestimar cuánto tiempo les queda para realizar tareas
  • Sobreestimar lo motivados que estarán en el futuro
  • Subestimar cuánto tiempo tardarán en finalizar ciertas actividades
  • Suponer erróneamente que necesitan estar en el estado de ánimo adecuado para trabajar en un proyecto

    A medida que leas esa lista, probablemente recuerdes algunas veces en el pasado que el mismo tipo de lógica te llevó a posponer las cosas para más adelante. ¿Recuerdas esa vez que pensaste que te quedaba una semana para terminar un proyecto que realmente terminaba al día siguiente? ¿Qué tal la vez que decidiste no limpiar tu piso porque “no tenías ganas de hacerlo ahora mismo”?

    A menudo suponemos que los proyectos no tardarán tanto en terminar, lo que puede llevar a una falsa sensación de seguridad cuando creemos que aún tenemos suficiente tiempo para completar estas tareas. Uno de los principales factores que contribuyen a la procrastinación es la idea de que tenemos que sentirnos inspirados o motivados para trabajar en una tarea en un momento determinado. La realidad es que si esperas hasta estar en el estado de ánimo adecuado para realizar ciertas tareas (especialmente las indeseables), probablemente encontrarás que el momento adecuado simplemente nunca llega y la tarea nunca se completa.

    La duda sobre uno mismo también puede jugar un papel importante. Cuando no estás seguro de cómo abordar un proyecto o tienes inseguridad en tus habilidades, es posible que te desanimes y trabajes en otras tareas.

    El impacto negativo de la procrastinación

    No son solo los estudiantes quienes caen en la trampa de “lo haré más tarde”. Según Joseph Ferrari, profesor de psicología en la Universidad de DePaul en Chicago y autor de Still Procrastinating: The No Regret Guide to Getting It Done, alrededor del 20 por ciento de los adultos de los EE. UU. son procrastinadores crónicos. Estas personas no solo postergan ocasionalmente; es una parte importante de su estilo de vida. Pagan sus facturas tarde, no comienzan a trabajar en grandes proyectos hasta la noche anterior a la fecha límite, retrasan las compras navideñas hasta la víspera de Navidad e incluso presentan sus declaraciones de impuestos tarde.

    Conoce las distorsiones cognitivas más frecuentes

    Desafortunadamente, esta postergación puede tener un serio impacto en varias áreas de la vida, incluida la salud mental de una persona. En un estudio de 2007, los investigadores descubrieron que al comienzo del semestre, los estudiantes que procrastinaban con las tareas informaban menos enfermedades y niveles de estrés más bajos que los que no postergaban la tarea. Esto cambió drásticamente para el final del trimestre, cuando los procrastinadores informaron niveles más altos de estrés y enfermedad.

    La procrastinación no solo puede tener un impacto negativo en tu salud; también puede dañar tus relaciones sociales. Al posponer las cosas, estás cargando a las personas que te rodean.

    Si habitualmente entregas proyectos tarde o te demoras hasta el último minuto, las personas que dependen de ti, como tus amigos, familiares, compañeros de trabajo y compañeros, pueden resentirse.

    Las razones por las que procrastinamos

    Además de las razones por las que procrastinamos, a menudo se nos ocurren varias excusas para justificar nuestro comportamiento. De acuerdo con Tuckman, Abry y Smith, hay 15 razones clave por las cuales las personas posponen las cosas:
  • No saber lo que hay que hacer
  • No saber cómo hacer algo
  • No querer hacer algo
  • No darle importancia a si se hace o no
  • No darle importancia a cuándo se hace algo
  • No tener “buen ánimo” para hacerlo
  • Tener la costumbre de esperar hasta el último minuto creyendo que se trabaja mejor bajo presión
  • Falta la iniciativa para comenzar
  • Olvidar que hay que hacer algo
  • Culpar a la enfermedad o la mala salud
  • Esperar el momento correcto o el estado de ánimo idóneo
  • Necesitar tiempo para pensar en la tarea
  • Retrasar una tarea a favor de trabajar en otra

    ¿Cómo difieren los procrastinadores de los no procrastinadores?

    En la mayoría de los casos, la procrastinación no es un signo de un problema grave. Es una tendencia común que todos vivimos en algún momento u otro. Solo en los casos en los que la procrastinación se vuelve tan crónica, comienza a tener un impacto serio en la vida diaria de una persona y se convierte en un problema más serio. En tales casos, no se trata solo de tener habilidades de gestión del tiempo deficientes; es una indicación de lo que Ferrari llama un estilo de vida inadaptado.

    “Los que no se demoran se centran en la tarea que se debe realizar. Tienen una identidad personal más fuerte y están menos preocupados por lo que los psicólogos llaman” estima social “, en oposición a la autoestima, que es lo que sentimos.

    Según el psicólogo Piers Steel, las personas que no posponen las cosas tienden a tener un alto perfil de personalidad conocido como escrupulosidad, una de las amplias disposiciones identificadas por la teoría de la personalidad Big 5. Las personas que tienen una gran conciencia también tienden a tener un perfil alto en otras áreas, incluidas la autodisciplina, la persistencia y la responsabilidad personal.

    Caer presas de estas distorsiones cognitivas es fácil, pero, afortunadamente, hay varias cosas diferentes que puedes hacer para luchar contra la procrastinación y comenzar a hacer las cosas a tiempo.
  • COMPRA COMPULSIVA

    Qué es la compra compulsiva o adicción a las compras

    Muchas veces con la llegada de las rebajas hay quien gasta más de lo que puede, pero existe una parte de la población para los que estas fechas sólo son una excusa perfecta para comprar de todo y a todas horas. El hecho de comprar un poco más de la cuenta es algo normal, dada la sociedad en la que nos movemos, pero esta actividad se puede convertir en algo peligroso e incluso patológico.

    Los expertos hablan de compra compulsiva como de un trastorno que se caracteriza, básicamente, por una urgencia irresistible de compra masiva de objetos superfluos. Esta adquisición se acompaña de sentimientos de ansiedad, irritabilidad y nerviosismo. Tras un breve período de alivio temporal de la tensión, la persona experimenta un sentimiento de culpa que no le impide, sin embargo, volver a comprar, ya que no hay ningún control sobre los impulsos y no se distingue entre deseo y necesidad.

    Perfil del comprador compulsivo

    La compra compulsiva la sufren aquellas personas que compran sólo por el placer de comprar, no porque necesitan lo que adquieren. El perfil de la persona que padece adicción a la compra es muy similar al del ludópata. Para muchos compradores compulsivos, la compra les otorga el poder de decisión negado en su entorno familiar o laboral.

    El sector de la población que destaca como compradores compulsivos son mujeres jóvenes, con un nivel económico, cultural y profesional elevado. La compra compulsiva suele comenzar a los 18 años y se manifiesta como un problema entre 7 y 10 años más tarde, por las deudas acumuladas, sensación de ser rechazado, sentimientos de culpa, dificultades financieras, legales, problemas conyugales y familiares.

    Causa / Etiología de la compra compulsiva

    Se desconoce la causa de la compra compulsiva, pero en el ámbito profesional se esgrime como razones que provocan este trastorno el tipo de vida de las sociedades consumistas y las posibles carencias afectivas y descompensaciones personales o profesionales, a las que se da salida con compras excesivas de objetos para uno mismo o para los demás.

    De una manera más detallada, las principales causas de la adicción al consumo son las siguientes:

  • preexistencia de rasgos psicológicos específicos (ser caprichoso e impulsivo, un nivel alto de ansiedad en relación con la compra, etc.);
  • insatisfacción personal;
  • atracción por los estímulos de consumo;
  • mayor aceptación de valores consumistas y vulnerabilidad psicológica hacia los mensajes que relacionan el consumo con la felicidad y el éxito social;
  • bajo nivel de autoestima y desconfianza hacia las propias aptitudes o habilidades.

    La compra compulsiva es como cualquier otro comportamiento obsesivo. Es un trastorno de una conducta normal que, en este caso, a fuerza de repetirse y de provocar una sensación agradable, pasa a ser buscada con ansiedad.
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